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Antípodas

“Europe is no stranger to terrorism; most of it, however, had pretty clear aims. One sure way to stop the ETA was always to political independence to the Basques; ditto with the IRA and the Northern Ireland. Wise or not, such capitulation would have brought the end to violence.”


El comentario es de un blogger australiano, Chrenkoff. Es un buen blog. Y aun así concede al terrorismo la lógica de la obtención de un fin. Es cierto que lo hace para tratar de explicar el terrorismo islámico y diferenciarlo del occidental, pero incluso ahí se equivoca. No hay otra clasificación del terrorismo que la que con un interés macabro podríamos establecer en función de su eficacia asesina.
Buscar en cualquier terrorismo el propósito de obtener determinados objetivos, cualesquiera que estos sean, supone dotarlo del armazón de la lógica, lo que no es sino el paso previo a la legitimidad en función del punto de vista que adoptemos. Presuponer la reclamación de una demanda concede además a la acción terrorista el carácter de lucha, matiz en el que subyace la presencia de una causa por la que luchar. Y son inútiles los intentos por deslegitimar tales causas cuando la victoria teórica del terror se produce en el momento en que la crítica decide entrar a valorar la justicia de sus fines.
Y fuera de la discusión doctrinal, basar la existencia del terrorismo en la reivindicación de un derecho nos lleva a olvidar las evidentes conexiones políticas, económicas, religiosas y delictivas que en la realidad internacional constituyen su auténtica razón de ser. La utilidad del terror indiscriminado al servicio de un interés y la cobertura coactiva que aporta a una ideología son el principio y el fin de cualquier expresión terrorista.
Y así será. Mientras queden nueces en el árbol.

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