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De Carod a Pérez

Vuelve a su niñez. Con el brillo en los ojos, emocionado y nervioso, juega a ser importante, a ser mayor. Como todos los niños cuando todavía se llaman Pérez. Y sólo en la mente de un niño la masacre de marzo resulta más espectacular que dantesca, como sacada de una película.
- ¡Guau, qué explosión! ¿Lo has visto Arnaldo, lo has visto?
Y a jugar a revolucionario, que pocas ocasiones así se presentan hoy a los rebeldes del Salón Gaudí, inconformistas de suplemento dominical que pasean su revolución junto a la deconstrucción millonaria de una croqueta mientras eligen en qué hotel con más encanto que habitaciones pasarán el próximo puente.
- ¡Llama a Juan José, que se baje al parque también! ¡Vamos a romper los columpios!
Se lo pasaron pipa. Convirtieron en un juego el asesinato de doscientas personas. Ya sólo falta saber quién les prestó el juguete. O si lo compraron ellos.

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