El tren

La vieja Europa vende cine en el tren. Películas piratas, bien presentadas con caratula en color. Y se saca un buen dinero. No es legal pero el revisor hace la vista gorda si le pagas bien. El revisor es un moro que se ha hecho millonario vendiendo vírgenes. Discos en blanco para grabar las películas que vende la vieja. Europa no siempre fue vieja. Alguna vez tuvo que ser joven, aunque ahora le de reparo acordarse, la edad del pavo, con lo estúpida y engreída que llegó a ser. Mejor ahora, que para ser joven le basta un pin del Che y adornarse el cuello con una larga bufanda que le compró a otro moro que las vende en el tren y que es primo del revisor. Y le va bien a la vieja. Y al de las bufandas. Y al revisor sobre todo, aunque sus hijos son unos maleducados que de vez en cuando se divierten molestando a los viajeros. La vieja Europa les teme porque un día le tiraron un petardo a los pies mientras vendía sus deuvedes. Desde entonces oye cada vez menos. Y desde entonces se esconde en los lavabos cada vez que los ve corretear por el vagón, qué salvajes, cualquier día van a reventar el tren, a ver si el padre los mete en verea antes de que les dé por mandarlo a un asilo y se cargan el negocio de la vieja con la vieja dentro.

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