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Islero

Negro entrepelado y bragado. Y acusado injustamente durante años de la muerte de Manolote. Ahora sabemos que no, que no fue el Miura quien trajo la pena a Doña Angustias. Tampoco el suero podrido que trajeron de Noruega para resucitar al cordobés. La culpa, por supuesto, es de la derecha. Pero no de la del diestro, pierna por la que entró la cornada que creíamos mortal. De la derecha mala, malasombra, mala de verdad. La de Aznar. Sí, sí y no echen cuentas a la edad del sospechoso, que si el Cid mataba moros después de muerto, a éste no le iban a faltar bigotes para matar califas antes de nacer. Fue Aznar, aunque su cabeza enmarcada en cordón de cortina rojo y gualda no adorne la chimenea de una finca en Sierra Morena. Todavía.

El malo del cuento en el bosque de Bambi. Si sube el petróleo, si baja el empleo, si crece el déficit, si disminuye la inversión, si explotan los trenes, si golpean al golpista, si llueve y si hace sol. Aznar. Para que al tierno cervatillo no le duelan las cervicales buscando el origen de tanta desgracia, Tambor le ha buscado un malo de bigote negro y gesto serio, como el Capitán Garfio. Un malo de cuento en El País de nunca jamás. El villano al que apuntar sus miedos, el monigote al que quemar en la lumbre para exorcizar sus males. José Luis, como los espías de Ibáñez que colgaban la foto del super en la pared, se relaja en Moncloa jugando a los dardos en una diana con mostacho. Este por golpista. Este por asesino. Este por… ¡Toma, en toda la nariz! Y jugando espanta su fracaso, su torpeza, los traumas del Rodríguez que ascendió a Zapatero de la noche a la mañana del 11 de Marzo.

Puede que ponerle apellidos al mal ayude al rey de las cuotas a no perder su talante y lucir su porte elegante y a la par discreto en los mejores quioscos y tiendas de revistas. Pero no será cultivando monstruos en el jardín de palacio como lograrán distraer las mañanas de los viernes. Para eso era mejor seguir con los bonsáis. Aunque el coco resulte más socorrido:

    - ¿Pero hijo, siete suspensos?
    - Ya papá, pero es que Aznar…
    - Calla, calla, qué me vas a contar si esta mañana he llegado tarde al trabajo por su culpa.

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