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Las caries de Bambi

Fueron los caramelos. Y el azucar de los mojitos en guayabera y chanclas a la salud del rey con boina del malecón. Fueron el almibar del huevo chimbo al sol de Maracaibo y las mieles del briwat de almendras a la sombre de un mapa engordado de caballa, cazuela de rape y plátano. Fueron lo que fuese que fue lo que estropeó la sonrisa del cervatillo, pero a su princesa le preocupó.

- Papá, deberías ir a la consulta del ratoncito Pérez.
- Claro, hija, claro
- contestó el rey del bosque que se convirtió en selva a los quinientos pases de deuvedé.

Y por un instante, que la niña se perdió en un parpadeo, de la boca del monarca republicano escapó un bigote de ratón por la comisura de sus labios.

- Coño. (Pensó). Me acabo de merendar al dentista.

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