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Tierra adentro

Se mueren los olivos enchufados a Bruselas y no vendrá nadie a contar cuentos soñados desde una ventana en Sierra Mágina. No vendrá nadie a tirar del cable de la subvención.
Ayer, cuando en Doñana había patos y en las marismas había mineros, un guasón pintó aquello de mineros y patos, el mismo trato. Hoy sólo quedan los patos. Quizás mañana, desde la ventana de un hospital en Los Olivares, algún moribundo pida que le traten, al menos, como a los olivos. Y que no le vareen todavía las últimas aceitunas de vida.

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