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Ruinas en silencio

Maragall sólo ve hilillos de polvo entre los escombros del Carmelo. Lástima que el derrumbe no aplastó ningún mejillón. Lástima que las ranas se convirtieron en princesas y ya no juegan a reporteras dicharacheras en el barrio de Blas. Lástima que faltan los patos, siempre los patos, que con su pico manchado sirven de veletas a las catástrofes, indicando la dirección del velatorio a las plañideras. Como los grados de richter miden los temblores del suelo, el hollín de los patos mide los temblores del corazón en los pechos no gubernamentales.
Y en el Carmelo no había patos.
Que busquen en los escombros. Quizá un niño perdió su póster del pato Donald. Y con suerte lo sacan en el vogue con las plumas tiznadas.

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