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Sin carrera

- Estoy encantado con esta entrevista - dijo el decano repentinamente, con voz demasiado fuerte-. Esto ha aliviado mi conciencia. Creo, como dijeron algunos en la reunión, que la carrera de arquitecto no es para usted. He tratado de ayudarlo, pero ahora estoy de acuerdo con el tribunal. A usted no hay que alentarlo; es usted muy peligroso.
- ¿Para quién?- preguntó Roark.
Pero el decano se levantó, indicando con esto que la entrevista había terminado.
Roark salió. Marchó lentamente a través de amplios salones, bajó la escalera y salió al jardín. Había conocido muchos hombres como el decano, pero jamás los había comprendido. Sabía solamente que existía una diferencia importante entre sus actos y los de ellos, pero hacía tiempo que ello había dejado de molestarlo. Buscaba siempre un motivo central en los edificios y un impulso central en los hombres. Sabía qué era lo que motivaba sus acciones, pero ignoraba la causa de las de los demás. No le preocupaba. No había conocido el proceso del pensamiento en los otros, pero deseaba saber a veces qué los hacía ser como eran. Le llamó la atención nuevamente la manera de pensar del decano. Había un secreto importante envuelto en esa cuestión; había un principio que debería descubrir.
Pero se detuvo. Contempló el sol en el momento en que iba a desaparecer, detenido todavía en la piedra caliza gris de una línea de molduras que corrían a lo largo de los muros enladrillados del instituto. Olvidó a los hombres y al decano y los principios que este representaba y que él quería descubrir. No pensaba sino en lo hermosas que parecían las piedras iluminadas por la tenue luz y en lo que él podría hacer con ellas. Imaginaba un amplio pliego de papel y veía erguirse de éste paredes vde desnudas piedras, con largas hileras de ventanales por los que entraba a las aulas la luz del cielo. En el ángulo del pliego había una firma de rasgos finos y angulosos: “Howard Roark”


Cierto, Montilla no es Roark. Ni el redactor es Rand. Pero al menos en el ministerio se ahorraron cien velas.

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