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Mostrando entradas de 2017

Guardiola

Caminaba por la misma senda, en el mismo parque, en dirección contraria acercándose a mí: un paisano con una correa en la mano. Bajé el ritmo buscando al perro, imaginando la fiera: más rápida, con más dientes, más asustada que yo. Ni un bocado le duro.
No veía al animal por ningún lado cuando, a punto de cruzarnos, el hombre se paró.

-Quillo, sal de ahí -ordenó.

De los matorrales salió un caniche que se pegó a sus pies mientras yo acelaraba el paso para dejarlos atrás. No volví la cabeza.

Regresé a casa haciendo votos por un parque libre, (¡independiente!) sin mascotas, pequeño pero mío (¡nuestro!). Y con un campanario, por qué no. Esa mañana desayuné zumo de naranja, pan con aceite y tomate y un café con leche.

Cobardes en la China

Era fácil, cuando los muertos llevaban uniforme, olvidar su nombre y bailar ska. Los ochenta, el siglo pasado, cuando tanta diversión sabía tan a poco que sobraba policía; cuando mataban a alguien y yo no era nadie.

Qué cruel entonces y qué cobarde ahora.

Cuando los muertos no han hecho nada para mecerlo, ni visten como putas, ni lo llevan en el sueldo. Ahora, cagón aquí i a la Xina Popular, pido a los que matan que miren el mapa, que pregunten al sindicato; que no se equivoquen de lugar, que no se equivoquen de profesión.

Que matan a cualquiera y así no se puede vivir.