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Veletas

Nada distingue con más claridad las condiciones de un país libre de las que rigen en un país bajo un gobierno arbitrario que la observancia, en aquél, de los principios conocidos bajo la expresión Estado de Derecho. Despojada de todo su tecnicismo, significa que el estado está sometido en todas sus acciones a normas fijas y conocidas de antemano; normas que permiten a cada uno prever con suficiente certidumbre cómo usará la autoridad en cada circunstancia sus poderes coercitivos, y disponer los propios asuntos individuales*

Certidumbre. Bueno, tampoco le vamos a pedir a Rodríguez que lea a Hayek. No tiene tiempo. Tambor todavía busca sus manchas entre los árboles para darle esas dos tardes de economía que le quedaron para septiembre cuando el bosque saltó por los aires y al cervatillo le creció la cornamenta en un fin de semana. Asustado por las llamas, al nuevo jefe de la manada sólo le preocupa que el bosque no vuelva a arder, o al menos que no chamusque su trono. Y en esas anda Bambi, de bombero con talante sonriendo a los pirómanos.

La última de sus muecas mira a los nietos de Aitor, muchachos de sonrisa difícil, que a lo más despegan los labios nueve milímetros en el calibre de su boca. Y con la mala costumbre de sonreír a la nuca, no sea que mirando a los ojos se les atragante el chiste, maldita la gracia. Y ahí anda Rodríguez, saben aquel que diu, derogando estorbos a golpe de carcajada. Ya no será delito subvencionar formaciones políticas ilegalizadas. Café para todos y dos azucarillos para Batasuna. A las víctimas que les den manzanilla, para digerir que sus impuestos financien las balas. Dialogar, negociar, pactar, ceder, regatear, girar, todo sea por mantenerse al volante de un tren lleno de fantasmas.

¿La firmeza contra el terrorismo? Ni está ni se la espera. ¿La seguridad jurídica? Bien, gracias. Hace mucho que no viene por aquí. Zapatero ha conseguido marear al gallo de latón hasta hacerlo caer de la veleta, que ahora en Moncloa gira siempre a favor del viento. Y es muy sensible. Basta un soplidito por aquí, una ligera brisa por allá y las cuotas y cuotos enfilan su nariz y apuntan la dirección. Por aquí, presidente, por aquí. Y por ahí les sigue Rodríguez, dialogando, negociando, pactando, cediendo, regateando, girando,… ¿gobernando?


*HAYEK, Friedrich A., Camino de Servidumbre; Vergara, José (trad.). Madrid: Alianza Editorial, 1978
5 el buque negro: Veletas Nada distingue con más claridad las condiciones de un país libre de las que rigen en un país bajo un gobierno arbitrario que la observancia,...
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